
Como cualquier cosa muy buena, KÉdKÉ empezó una mañana en un bar, de cual nombre nos acordamos pefectamente, ya que no está en la Mancha, con unas copas de aguardiente serrano en mano. En el aire flotaba un perfumen a cerveza, cuero negro, aceite de motor usado y quemado, se olía sudor revolucionario, sabor a pólvora junto a fragancias de la más mala calidad de un distrito rojo y se vislumbraba el espacio sin fin de las grandes llanuras del sur algodonero, de las estepas heladas de la Rusia descompuesta y de la Meseta mexicana, donde todos caminos conducen a Chiapas. No es de extrañar que en un ambiente tan propicio se descubría que los tres implicados eran músicos con ideas sanas, no corrompidas pero, eso sí, corrosivas. A una primera actuación en un festival “Pro Chiapas”, no podía ser de otra manera, seguían muchas otras por todo el sur de la Peninsula. Obviamente su estilo es de Rock puro, sin filtro, directo, sin desvíos, limpio y claro como el agua cristalina de la sierra y a la vez sucio como la piel de un guarro pata negra. Su credo son los tres M: Marcha, Mujeres y Más birra, o según ellos, “Solamente volar flipa más”.